24 julio, 2007

La estela de un canto vigoroso que ya tiene 40 años

Alina Martínez C. (AIN)

Hace ya 40 años, la Revolución Cubana y su prestigiosa Casa de las Américas iniciaron en esta fecha el Primer encuentro internacional de la canción protesta.

La respuesta a esa convocatoria en un momento especialmente convulso en el mundo, trajo a La Habana a creadores de 16 países de cuatro continentes. Fue una cita que colocó en primer plano el compromiso de los artistas con la realidad.

Revisar la prensa del momento es palpitar con la efervescencia revolucionaria de esos días de lucha en aquel verano de 1967 en Cuba, toda solidaridad con el pueblo vietnamita agredido por la guerra del imperio norteamericano, el despliegue de su diplomacia en defensa de los ataques yanquis, y el encuentro de músicos con un canto de unidad que dejó una estela aun vibrante.

La canción es un arma al servicio del pueblo, no un producto de consumo utilizado por el capitalismo para enajenarlo, precisa la declaración final de ese encuentro de cantores, principio con plena vigencia hoy transcurridas cuatro décadas.

Hasta el ocho de agosto se extendió esa cita en la que los participantes analizaron aspectos que definen esos mensajes musicales de extracción popular, plenos de identidad cultural, contra la discriminación racial y a favor de la Revolución cubana.

Hubo conciertos aun recordados, con cantautores como el uruguayo Daniel Viglietti, la norteamericana Bárbara Dane y el cubano Carlos Puebla y su grupo, que dio a conocer su obra hoy conocida en el mundo, Hasta siempre Comandante, dedicada al Che, y visionaria, en tanto meses después sucedería el vil asesinato del guerrillero heroico en Bolivia.

Junto a ese gran movimiento disperso que se encuentra en La Habana y toma conciencia de la necesidad de la denuncia y decir con la canción temas que le interesan al pueblo, existe una nueva hornada de jóvenes creadores en Cuba y otros países de América con inquietudes similares.

Ya Silvio Rodríguez se comenzaba a conocer en el ámbito universitario, entre amigos, y las canciones grabadas con dificultad en recitales improvisados comenzaban a circular. También Pablo Milanés inicia su incursión en temas de más contenido social. Confluyen junto a Noel Nicola y Vicente Feliú, en su quehacer renovado y creador.

Precisamente de ese Primer encuentro internacional nace el Centro de la canción Protesta, en Casa de las Américas, que comenzó a funcionar ya en octubre del propio 1967. Era la continuidad de lo acordado y Haydée Santamaría fue una de las impulsoras de ese movimiento en defensa de la canción comprometida.

Este año, la Feria internacional Cubadisco recordó los 40 años de ese hecho catalizador en la música cubana y de otros países, con un foro que agrupó a participantes en aquella cita y a noveles trovadores y cultivadores de lo mejor de la música popular. Fue un lindo homenaje que tendrá continuidad en la fiesta del disco en el 2008.

Al recordar ahora los 40 años de ese foro cultural, no se puede menos que agradecer ese canto vigoroso, bello y muy cercano al sentir de los pueblos legado hasta hoy, multiplicado en Cuba en un movimiento que sigue y seguirá siendo la nueva trova, la de siempre.

http://www.adelante.cu/noticias/27/7/24/cultura.Canto.php

14 julio, 2007

Tuvo la palabra el diputado Silvio

HÉCTOR ARTURO



Silvio Rodríguez, el trovador del pueblo que lo vio nacer y crecer,

y que sabe que sus canciones y palabras siempre van a estar al servicio de la Justicia


No sé cuántos artistas en el mundo son diputados de sus parlamentos, ni cuántos de ellos, en caso de serlo, toman la palabra en una sesión para proponer leyes, medidas, acuerdos, soluciones o temas que deben ser resueltos por la sociedad.


Ignoro cómo fueron elegidas esas personas de las artes, si es que existe alguno en algún Parlamento del mundo.


Pero sí sé que en Cuba tenemos a varias personalidades de las artes, que ocupan escaños como diputados en la Asamblea Nacional del Poder Popular, y entre ellos me voy a referir al Fundador de la Nueva Trova, Silvio Rodríguez Domínguez.


Silvio, como lo llamamos en todo el planeta todos los que lo queremos, es diputado por el municipio habanero de San Antonio de los Baños, su terruño, al cual llegó "por donde hay un río", el día de su nacimiento, el 29 de noviembre de 1946.


Allí nadie vio jamás un pasquín con el rostro de Silvio, ni nadie lo escuchó hacer campañas politiqueras a su favor, prometiendo "casas, caminos y escuelas", ni ofreciendo ingresos en los hospitales a cambio de un voto, ni pagando un solo centavo a los desempleados que no existen, ni haciendo compromisos de nombramientos públicos para que votaran por él.


Nada de eso.


La Comisión Electoral, facultada para confeccionar las listas de candidatos a Diputados, tras analizar la trayectoria de miles de ciudadanos comunes y corrientes, decidió inscribir el nombre de Silvio en las boletas y el artista, genuino representante de su pueblo, fue elegido por abrumadora mayoría en su municipio natal, junto a otros propuestos en esa y las demás localidades del país, que integran la Asamblea Nacional del Poder Popular.


Ya en más de una ocasión Silvio ha tomado la palabra en las magnas citas parlamentarias, como hizo el pasado 29 de junio, durante los debates del Noveno Período Ordinario de Sesiones correspondiente a la Sexta Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular.


Se debatía el Informa de la Fiscalía y el Tribunal Supremo Popular y Silvio propuso que los artistas fueran presentados en las prisiones, "convencido de la necesidad de la cultura para rehabilitar a los reclusos".


Para ello, dijo, se debe instrumentar un acuerdo entre los ministerios de Cultura, de Justicia y la Dirección de Establecimientos Penitenciarios, que organicen estas visitas periódicas de artistas a las cárceles.


Otra diputada, Irma Sehwerert, madre de René González, uno de los Cinco Héroes Cubanos Prisioneros del Imperio, quizás porque conoce por su hijo lo que significa estar encarcelado, amplió la propuesta de Silvio y la hizo extensiva también a figuras del deporte.


Al referirse a la importancia ética de estas visitas, ejemplificó cuando ella acudió a un penal, acompañada por el artista de la plástica Alexis Leyva Machado "Kcho", quien tuvo una magnífica acogida por parte de los reclusos de aquel centro.


La propuesta de Silvio, enriquecida con el criterio de Irma, fue aprobada por unanimidad y ahora solo queda esperar por la primera ocasión de que un grupo de músicos, poetas, escritores, bailarines, pintores y cineastas acudan a los establecimientos penitenciarios, para llevar su arte a los reclusos, y demostrarles a esos hombres y mujeres que cumplen sus sentencias que ellos no están solos ni abandonados a su suerte, como ocurre en casi todas las naciones del orbe, donde las cárceles son almacenes de presos.


En esos sitios, lejos de rehabilitar y reincorporar plenamente a la sociedad a quien ha cometido un delito, los convierten en más delincuentes. Muchas veces ingresan por un simple hurto para mitigar el hambre, y mueren allí o se convierten en asesinos, porque la realidad les impone matar para vivir, que llega a convertirse a la larga en vivir para matar.


Cuba, mediante sus leyes penales vigentes, se preocupa no solo por enfrentar y combatir todas las manifestaciones delictivas, sino por la reeducación total de quienes delinquen, e incluso hay funcionarios legales designados para dar atención a los que hayan cumplido sus sanciones, que deben ser incorporados a puestos de trabajo acordes a su calificación, muchas veces alcanzada en las mismas prisiones, donde los reclusos pueden estudiar y superarse.


Estoy seguro que en la avanzada del primer grupo de artistas y deportistas va a estar el diputado Silvio, en esa ocasión sí con la guitarra en mano, no como diputado al Parlamento, sino como lo que es y será siempre: el trovador del pueblo que lo vio nacer y crecer, y que sabe que sus canciones y palabras siempre van a estar al servicio de la Justicia, esa justicia que tanta falta hace en este mundo, que puede y va a ser mucho mejor.


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Fuente: http://www.cubahora.co.cu/

14/07/07

Apostar por el hombre

Por Miguel Terry Valdespino


[13.07.2007]- Actualización 12:10 pm de Cuba En un célebre filme brasileño titulado Memorias de la cárcel, basado en la experiencia carcelaria del escritor revolucionario Graciliano Ramos, un gendarme desalmado que recibe a los reclusos les tira en plena cara esta frase inolvidable: "Ustedes no están aquí para enmendarse; ustedes están aquí para morirse". Y de verdad se morían aquellos prisioneros.


En fecha reciente he recordado esta frase después que el cantautor del Ariguanabo, Silvio Rodríguez, durante la última sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular, defendiera la posibilidad de llevar canciones, poesía, música, teatro...,a quienes, por una razón u otra, se encuentran cumpliendo alguna sanción penitenciaria en Cuba.


Alivia y reconforta saber que, mientras los reclusos de medio mundo son desechados como basura, en un país como este se lleve a cabo todo un plan de rescate para devolver al seno de la sociedad a aquellos hombres y mujeres que un día cometieron un delito y debieron responder ante la justicia.


Si bien la voz de Silvio expresó un deseo perfectamente humano, lo cierto es que ya sabía de otras figuras y otros nombres que, en el centro penitenciario de Guanajay, lograron resultados extraordinarios con los reclusos en cuanto a la formación de hábitos de lectura y escritura.
Nunca olvidaré que, en compañía de varios talleristas y especialistas de la dirección de cultura en el municipio, asistimos a un Taller Literario Municipal en este centro, donde nos fue posible degustar la obra poética de varios de ellos, confinados allí por causas reprobables; pero nunca abandonados a su suerte como aquellos personajes que deambulaban y sobrevivían junto a Graciliano Ramos en las cárceles de Getulio Vargas.




Si la intervención de Silvio no pasó por alto, tampoco pasó descolorida la de la joven que, a través del conocido Alexis Leyva Machado (Kcho), logró crear verdadera pasión por la pintura en un novicio recluso, salvado para siempre gracias al arte.


Es verdad que siempre apostamos por un hombre sano, que no delinque o golpee a sus semejantes. Pero también es cierto que muchos hombres necesitan una segunda oportunidad para volver a tomar un rumbo cierto. En ese sentido va la opinión de Silvio y de otros que, en Guanajay y en muchos sitios de la ínsula, trabajan por sacar a flote la semilla fértil que duerme en lo profundo del alma humana.


Recuerdo haber conversado con reclusos que se adentraban en los caminos de Paradiso y Cien años de soledad, recuerdo cómo intentaban descifrar los misterios del criollo y el colombiano, recuerdo cuánto disfrutaban el haber descubierto semejantes tesoros...
Silvio, una vez más, habló con el corazón. Y una vez más apostó por el hombre.


10 julio, 2007

El signo de sumar

Por: José Alejandro Rodríguez
Correo:
digital@jrebelde.cip.cu
08 de julio de 2007 00:45:27 GMT

Silvio, ya esencial sin el Rodríguez, acaba de retomar un viejo sueño incumplido, de tempranas rebeldías suyas: estar «con los que ríen con solo media risa, los delimitadores de la primavera».
El trovador se la juega una vez más con las sombras de la inercia y los silencios de la comodidad. Le cantará a los reclusos en una insólita gira por las prisiones, que se suma al empeño de propagar virtudes en los penales, hasta convertirlos en verdaderas escuelas de salvación y no almacenes donde se expíen y fermenten viejos delitos y torceduras.
El gesto de traspasar las rejas con su canto no puede pasar inadvertido. A fin de cuentas, Silvio no requiere de guiños publicitarios, mucho menos de campañas y maratones mediáticos. Le sobra con su genio artístico, ya probado a escala universal, ya marcado en el tiempo. Entonces, ¿qué se trae el cantautor?

De la misma manera en que cada quien descifra muy personalmente las parábolas y los símbolos de sus canciones, así hoy me aventuro a extraer de esa iniciativa de Silvio una señal elíptica que pudiera alumbrarnos ante los desafíos que tienen por delante la Revolución y la nación cubanas en estos complejos tiempos.

Quizá el trovador nos está alertando acerca de la necesidad de sumar y multiplicar sin fronteras ni prejuicios, para salvarnos de tantos escollos externos e internos y emerger «con todos y para el bien de todos», con José Martí. ¿No será un arresto de ecumenismo?

Al menos lo interpreto así, cuando palpo el daño que infligen a la unidad de los cubanos —tan estratégica hoy— los que siempre se han especializado en restar y dividir con sus zancadillas y sus dogmáticos tamices, esos que gozan con el etiquetado y la estigmatización. Los que no tienen la ductilidad para sumar fidelistamente a todos, por encima de diferencias, matices y defectos. Esos extremistas que no tienen fe en la multiplicidad humana y se creen ellos mismos la causa y el principio, para al final desnudarse y revelar toda su oportuna mentira, su extremo cuidado, su conveniente preservación.

Me alisto todo el tiempo con el espíritu democrático de Silvio, que convoca a creadores y artistas cubanos a abrir trechos de confianza y de luz en las galeras, a tender puentes hacia los errados pero no perdidos, y a todos los compatriotas. Cuánta falta hace pensar así, con devocionario público, para atender las mataduras de cada quien aun con lo poco que tengamos, y no conformarnos con los grandes propósitos.

Los desgajados y transgresores que torcieron la dirección, los aislados y escépticos, los que mascullan su tristeza y desánimo... a todos esos no podemos hacerles cordones sanitarios excluyentes. Si los miramos como derrotas nuestras, frutos magullados o piezas descentradas donde no funcionaron los mecanismos, podremos tenderles la mano hacia la integración y la plenitud, y revisar nuestros propios yerros e incompetencias con signo de restar y dividir. A fin de cuentas esta isla es chiquita, pero caben todos los cubanos en tanto corazón.

Que cante Silvio, y su mensaje traspase los barrotes de los penales, y otras rejas mentales que nos impiden repartir la Revolución, como un sueño de todos.

http://www.juventudrebelde.cu/opinion/2007-07-08/el-signo-de-sumar/

30 junio, 2007

Silvio Diputado

Alcanzar el orden y la disciplina que exige nuestro pueblo
por Lourdes Pérez Navarro

La Asamblea Nacional del Poder Popular aprobó por unanimidad los informes presentados por el doctor Juan Escalona Reguera, fiscal general de la República, y el doctor Rubén Remigio Ferro, presidente del Tribunal Supremo Popular, los cuales abarcaron logros y deficiencias en la labor de ambas instituciones.

El diputado Silvio Rodríguez propuso llevar de manera sistemática a los mejores exponentes de la cultura a los centros penitenciarios.

Igual respaldo recibió el dictamen de la Comisión de Asuntos Constitucionales y Jurídicos sobre la rendición de cuenta de estos órganos judiciales que desempeñan una importante función en la preservación del orden y la seguridad ciudadana, en el cumplimiento de las garantías constitucionales y en la aplicación consecuente del ordenamiento jurídico de la nación.
El dictamen, presentado por José Luis Toledo Santander, presidente de la Comisión, enfatizó en la necesidad de lograr un clima social de respeto y acatamiento consciente de las leyes —tarea en la que están comprometidos todos los ciudadanos, no solo los órganos de justicia y la Policía—, indispensable para alcanzar el orden y la disciplina que hoy exige nuestro pueblo, lo cual es piedra angular para preservar las conquistas de la Revolución y contribuir a un mayor desarrollo económico y social.

La Comisión abogó por establecer un sistema jurídico penal más coherente, acorde a las tendencias que reclama el desarrollo político-social del país. Esto implica el empleo consecuente y cada vez menor de las sanciones penales, sin que ello signifique impunidad o tolerancia, ni dejar de condenar con severidad conductas criminales que por su peligrosidad y daño social así lo requieran.

Al destacar el saldo favorable en el trabajo de los jueces de ejecución de sanciones penales, el dictamen recaba un apoyo más decidido de todos los que deben intervenir en esta tarea, y mayor comprensión por parte de las administraciones.

Los diputados apreciaron avances considerables en la actividad judicial, mas demandaron de los tribunales mayor organización y calidad en los juicios orales y otros actos judiciales, los que al retardarse o suspenderse generan malestar, perjudican la jornada laboral y retrasan la administración de justicia.

Reconocieron el trabajo de la Fiscalía en la ejecución de verificaciones, su participación en el proceso administrativo confiscatorio, en la representación social durante los trámites civiles y en la implementación del Decreto Ley sobre la atención a menores con problemas de conducta. No obstante, recomendaron adoptar medidas con el fin de lograr mayor planificación, organización y eficacia en el desarrollo de esas responsabilidades.

Los diputados, quienes en los últimos meses visitaron tribunales y fiscalías en todo el país, enviaron un reconocimiento a los trabajadores de estas instituciones por su labor cotidiana, y expusieron las dificultades materiales en que estos profesionales desarrollan sus tareas.

Un acuerdo nació de la intervención del diputado Silvio Rodríguez —quien confesó ser "un convencido de la utilidad de la cultura en la rehabilitación de los reclusos"—, consistente en el establecimiento de vínculos permanentes entre Cultura, Justicia y Centros Penitenciarios para garantizar las visitas sistemáticas de profesionales de las diversas manifestaciones del arte a las prisiones. A sugerencia de la parlamentaria Irma Sehwerert, se decidió reclamar igual presencia a los representantes del Deporte.
fuente:

22 junio, 2007

SILVIO RODRIGUEZ: QUE LEVANTE LA MANO LA GUITARRA.

Duration: 28:23 Taken: 24 December 1983 Location: Cuba


SILVIO RODRIGUEZ: QUE LEVANTE LA MANO LA GUITARRA.

Aspectos de la vida y la obra del popular cantante y compositor Silvio Rodríguez, fundador del movimiento de la Nueva Trova. Mediante sus canciones, entrevistas y diálogos en vivo se muestra el carácter renovador, comprometido e imaginativo de su obra.

Productora: ICAIC

Guión: Víctor Casaus, Luis Rogelio Nogueras

Música Original: Silvio Rodríguez

Productor: Orlando de la Huerta

Fotografía: Adriano Moreno, Raúl Pérez Ureta, Julio Valdés

Sonidista: Ricardo Istueta, Germinal Hernández

Editor: Gladys Camb

http://www.dailymotion.com/video/xupcb_silvio-rodriguez-que-levante-la-man


Silvio Rodríguez: La lucidez tiene enemigos

Tras la publicación en JR de varios artículos sobre la Nueva Trova en la Cuba de hoy, les ofrecemos la opinión del importante cantautor

Por: Agnerys Rodríguez Gavilán y José Luis Estrada Betancourt

Correo: joselestrada@jrebelde.cip.cu

17 de junio de 2007 00:00:00 GMT





Cuatro décadas se cumplirán en julio de aquel Primer Encuentro de la Canción Protesta que acogió Casa de las Américas, entre el 24 de julio y el 8 de agosto de 1967, el mismo año en que Silvio Rodríguez compartía un recital con Teresita Fernández y poetas jóvenes, y se adueñaba de la pantalla doméstica una vez a la semana con Mientras tanto..., espacio musical donde aparecía como figura central y conductor. De aquella histórica cita, el autor de Ojalá y Te doy una canción recordaba en una entrevista:

«Es obvio que se nos etiquetó como “protesteros” por aparecer convocados por el Centro de la Canción Protesta de la Casa de las Américas —conste que gracias a Haydée Santamaría. En verdad, en ese momento nuestras canciones consideradas “de protesta” se movían más o menos en las temáticas reconocidas: la guerra contra Vietnam, la discriminación racial y el antiimperialismo. Pero a nosotros nunca nos gustó el término de cantores de protesta porque era muy estrecho, porque no reflejaba, en un amplio y más profundo sentido, lo que queríamos, lo que intentábamos y, por supuesto, lo que creíamos hacer. Y esto no era otra cosa que seguir la tradición trovadoresca cubana en su diversidad de formas y contenidos. El término cantores de protesta nos parecía chato, incluso hasta burdo, porque nosotros sentíamos, además, un fuerte compromiso con toda la trova, con la libertad de la poesía y la belleza, y nos parecía que esa aspiración no se podía encasillar, que no tenía límites, que estaba mucho más allá de un eslogan circunstancial.

«Por otra parte, la Casa de las Américas, durante un tiempo, fue casi el único lugar donde podíamos exponer los fuegos iniciales. Allí tuvimos lo que necesita un joven: comprensión y respeto, sentirse atendido y apoyado. Pero nosotros jamás usamos el término de cantores de protesta para autodefinirnos. Siempre hemos dicho que somos, sencillamente, trovadores. O sea que fueron otros los que nos llamaron cantantes de protesta y también fueron otros los que así nos dejaron de llamar».

Transcurridos 40 años de aquel encuentro inaugural —rememorado recientemente con otro internacional dedicado a la Canción Necesaria durante el Cubadisco 2007—, Juventud Rebelde publicó una serie de artículos que tenían como centro la Nueva Trova y pensó que sería formidable conversar con Silvio quien, junto a Pablo Milanés y Noel Nicola, constituyen los máximos representantes de una manifestación que es un componente esencial de nuestra identidad.

Ahora, Silvio trae al presente los comienzos que antecedieron al momento en que la Nueva Trova se impuso en el gusto popular, incluso disputándole la preferencia a la música bailable: «Al principio eran muy contados nuestros seguidores. Entonces no existía la variedad de grabadoras personales de hoy. Ni siquiera se habían inventado las caseteras. La EGREM era el único lugar de Cuba donde se grababan discos y semejante dicha nos tocó a nosotros muchos años después. Así que durante los primeros tiempos la única forma de escuchar a la Nueva Trova era en directo.

«Los aficionados de nuestra música nos seguían de Casa de las Américas a los bancos de los parques, a los zaguanes, a las escaleras de los edificios y a las casas particulares. Cantando constantemente fuimos llegando a los centros de estudio y de trabajo. La Universidad de La Habana, en específico la Escuela de Letras, nos recibió en varias oportunidades y ocasionalmente la televisión universitaria, que al principio solo transmitía para los alrededores de la CUJAE, cuando la fundó Chomi Villar».

Y, no obstante, piensa Silvio, «por dificultoso que hoy parezca, me parece que los jóvenes actuales tienen más facilidades para seguir a sus artistas que los de aquellos tiempos.

«Cuando nosotros aparecimos había, en algunos sectores de la juventud, un poco de cansancio de las formas tradicionales de interpretación de nuestra música. Como sucede ahora, aquello se debatía en los periódicos; se le preguntaba a profesionales y a ciudadanos sobre una presunta crisis en la música cubana. Pero eran tiempos muy diferentes a los de hoy. Había una extrema suspicacia no solo con el rock sino también con lo extranjero, incluso con lo que oliera a “moderno”; se desconfiaba de lo que pudiera resultar una mala influencia para los jóvenes.

«Aquella fobia llegó a la locura de vigilar la forma de los compases musicales, ciertas maneras de hacer ritmos con una batería. Se hicieron planes para este tipo de vigilancia, se elaboraron y se circularon esquemas de detección de gérmenes musicales imperialistas y la música “infectada” automáticamente era condenada al veto.

«Por eso en la segunda mitad de la década del 60, en Cuba, algunos compositores estaban francamente dedicados a la invención de ritmos, y a diario salía una agrupación que lanzaba un “hallazgo” diferente. Algunas de aquellas cadencias eran variantes de los ritmos tradicionales, como el mozambique; otras, como el Wa-Wa, pretendían una asimilación descafeinada de lo que venía de “afuera”. La televisión y la radio apoyaban con bombos y platillos aquellos lanzamientos y algún ritmo, como el mozambique, no solo arrastró por un tiempo a la gente de barrio sino que fue enviado a París en plan conquistador.

«En medio de aquella superproducción de ritmos, de aquellos debates, de aquellas exigencias y también de aquellos errores empezamos a coincidir y a interinfluenciarnos un grupo de jóvenes que, más que una visión igual de la canción, teníamos en común la necesidad de hacer valer lo que deseábamos cantar. Inicialmente fuimos identificados como trova “moderna”, pero también nos decían la trova joven. A cada uno de nosotros lo seguía un grupito minúsculo de partidarios y cuando empezamos a cantar juntos todos nos beneficiamos, porque se juntaron nuestros públicos».

—Silvio, ¿cree que la trova incide en los jóvenes de hoy?

—No sé hasta qué punto, pero también ignoro hasta dónde deja de significar. No pienso que la trova tendría que tener una incidencia a ultranza. La trova misma es de gran variedad y cada zona tiene sus adictos. Es admirable que, a pesar de haber sido casi siempre una música marginada, haya sobrevivido hasta nuestros días, a veces gracias a reducidos guetos de admiradores.

«No estoy de acuerdo con atribuirle a la ausencia o a la presencia de la trova, o cualquier otro tipo de música, problemas sociales que seguro tienen otras razones. Aunque claro que también pienso que en nuestro país hubo momentos más felices para la canción de texto.

«Yo diría que la lucidez tiene enemigos. Estos suelen atribuirle exceso de responsabilidad al compromiso social en las artes. Aluden demasiada conciencia y con ella tristeza.

«Para mí estos son argumentos absurdos, porque todos vamos a tener suficiente ausencia de pensamientos cuando no estemos. ¿Para qué anticiparnos a la nada? ¿Qué prisa podemos tener en no reflexionar?».

—Y en su opinión, ¿qué habría que hacer?

—El joven que todavía se debate en mis entrañas podría responder: la revolución cultural que se empezó con la alfabetización y después se detuvo. Pero dudo que este momento sea más apropiado que el de entonces. Así que mientras se crean condiciones para ese salto, supongo que debemos perfeccionar nuestros medios de difusión y ponerlos en función también de la cultura.

«Esto no puede ser maquillaje, porque eso ya se ha hecho. Los que exponen cultura tienen que ser cultos, los que hacen el arte tienen que ser artistas. Debería comenzar un cambio profundo en varias instituciones».

—¿Vive la trova un buen momento?

—La trova solo es una expresión de la música cubana y en sí misma contiene una amplia variedad. Hay que ver que, salvo en los tiempos en que se inventó la radio, la trova nunca ha sido muy divulgada a través de sus hacedores. El inicio de la radiodifusión lanzó a Matamoros, a María Teresa, a Piñeiro. Después, en los tiempos del filin, los grandes trovadores cantaban a la sombra de los clubes nocturnos, mientras los intérpretes famosos divulgaban sus obras.

«Así que el otro momento de difusión trovadoresca fue cuando se fundó el Movimiento de la Nueva Trova. Y más que por estar auspiciada por la UJC, aunque también por eso, me parece que parte de aquel éxito se debió a que estábamos unidos, a que a menudo decenas de trovadores nos encontrábamos para hablar de los problemas de la cultura, que era una forma de debatir los problemas del país. Casi sin darnos cuenta nos convertimos en un factor vivo y actuante de la sociedad. Yo creo que ser tantos, estar agrupados y ser coherentes nos fue dando el alcance que jamás sospechamos.

«Es obvio que actualmente no existe una experiencia cultural con una fuerza semejante. Puede que valga la pena reflexionar sobre eso. Y no para calcar aquello, que por supuesto es irrepetible. Tendría que ser para tener el arrojo de apoyar algo que fluyera naturalmente de la sociedad, una verdad estimulada, como fue el caso».


Confesiones

EN una entrevista publicada en 1980, Silvio contaba:

«Yo empecé a componer canciones a las que después caracterizaron con el nombre de Nueva Trova o Nueva Canción. Cuando me preguntaban en esa época qué era, yo prefería siempre llamarme trovador. No sé si por intuición. En aquel momento, yo no tenía una idea clara del desarrollo histórico de la trova ni del significado de todo aquello que empezábamos a hacer. Estaba en el ejército, tenía otro trabajo —diseñador de historietas— y pensaba regresar a mi profesión cuando terminara el servicio militar.

«Así empecé, como un joven al que le gustaba la música, cogió una guitarra y empezó a tocar. Como todos los jóvenes de mi tiempo, sentía un poco de rechazo por la música tradicional cubana que se oía en la radio. No así, sin embargo, por las canciones tradicionales de la trova que había escuchado de mi madre.

«En esa época se solía pensar que los trovadores eran unos viejitos que se reunían a cantar con voces desafinadas y roncas. No había una divulgación ni un rescate de nuestra historia musical.

«Desde que cogí la guitarra, lo hice con la idea de decir mis propias cosas. Siempre tuve la certidumbre de que tenía mis propias cosas que decir. Ahora, después de un trabajo profesional de años, de haber aprendido un poco de música, de poder analizar con más elementos y rigor algunas cosas, me doy cuenta de que mis canciones siempre tuvieron una intención diferente a lo que se oía en aquel momento. Aunque fueran canciones de amor, siempre planteaba las cosas de una manera diferente. En aquella época, empecé a leer a los clásicos del romanticismo: Lord Byron, Bécquer, Hoffman, todos ellos. Después me entusiasmó mucho la obra de Poe. Y aún hoy soy un seguidor de algunas de sus enseñanzas».





11 junio, 2007

Respeto, soberanía y antiimperialismo espera Silvio Rodríguez de futuros líderes cubanos

ABN 11/06/2007


Caracas, 31 May. ABN.- El cantautor cubano Silvio Rodríguez afirmó que no sabe cómo serán los dirigentes cubanos del futuro, aunque expresó que no se sentiría traicionado «si mantuvieran básicamente tres premisas: respeto al pueblo, soberanía política y antiimperialismo».

Esta postura la mantiene el artista cubano de 61 años, al ser interrogado acerca del futuro del país caribeño, ante una eventual desaparición física del presidente cubano, Fidel Castro.

«Mientras más pasan los años, la Revolución tiende a institucionalizarse. Hay zonas de la sociedad cubana que requieren modernizarse y, en la medida en que eso ocurra, la institucionalización irá profundizándose», afirmó el músico, quien fue impulsor de la nueva trova cubana.

En cuanto al socialismo en Latinoamérica, que está presente ideológicamente en varios gobiernos latinoamericanos, Rodríguez considera que cada caso tiene sus particularidades, las cuales diferencian cada experiencia.

«Algo que considero importante es que los países más avanzados políticamente no nos cerremos, lo que está muy bien expresado en el espíritu del Alba (Alternativa Bolivariana para los pueblos de nuestra América) y en la práctica del presidente Chávez», apuntó por vía electrónica, al tiempo que reconoció la integración, pese a las diferencias en los procesos vividos por cada nación.

Rodríguez, quien además de ser trovador es diputado a la Asamblea Nacional de su país pese a no haberse postulado nunca, está dedicado ahora a la edición de un concierto que hizo hace poco en República Dominicana y también está escribiendo música para una película de dibujos animados llamada Meñique, dirigida por Ernesto Padrón.

En medio de su desarrollo artístico, mantiene sus posturas políticas bien definidas respecto al proceso de integración. «La principal dificultad que enfrenta el Alba son los intereses y el compromiso de las clases dominantes con todo un sistema de dependencia económica y política».

Ya en el caso específico de la colaboración entre Cuba y Venezuela, Rodríguez enfatizó las afinidades históricas y culturales que mantienen como países del Caribe, las cuales deben estrecharse aún más con las cercanías políticas que mantienen ambos gobiernos.

Un ejemplo de ello son los médicos cubanos que laboran en Venezuela, a través de la Misión Barrio Adentro.

«Al triunfo revolucionario en Cuba muchos médicos y otros especialistas se fueron al norte. Desde entonces tuvimos conciencia de la necesidad de formar profesionales. El trabajo de todos estos años en esa dirección es lo que nos permite ahora ser solidarios con ustedes», destacó.

La integración también se ha dado en el sector cultural, como en la recientemente celebrada Feria Internacional Cubadisco, que sirve para fortalecer la industria discográfica cubana y donde Venezuela fungió como el país invitado de honor.

«Me encantó que Cubadisco dedicara a Venezuela esta edición, aunque es difícil que un sólo evento pueda reflejar la amplitud y la profundidad de una musicalidad tan rica como la de Venezuela», manifestó Rodríguez, quien se refirió al evento desarrollado entre el 19 y el 27 de mayo de este año.

La primera vez que este reconocido músico visitó Venezuela fue en diciembre de 1974, en una visita de urgencia, porque acababa de estar en Santo Domingo para un evento llamado 7 Días con el Pueblo y un coronel de la policía le había dado 24 horas de plazo para abandonar el país.

Como a La Habana no había vuelos directos desde Santo Domingo, Venezuela hizo el favor de darle visa, hasta que consiguió algunas actuaciones en el país y se quedó durante un mes.

«Hasta entonces yo no tenía ni remota idea de la amplitud en ritmos y melodías de la música venezolana, ni de que existía música llanera, de las montañas y de la costa. Tampoco sabía hasta el punto delirante en que pueden ustedes llevar el contrapunto ni las sutilezas vocales que cultivaban solistas, grupos y coros. Desde aquella primera visita supe que Venezuela era un país que musicalmente era un continente», expresó.
Fuente: Agencia Bolivariana de Noticias